Para este nuevo artículo de colaboración me han pedido que aporte mi visión sobre el tema de ‘comercio y comunidad’, así que, en vez de contaros una visión, os contaré una realidad que estoy poniendo en marcha en varias localidades y comercios asociados desde hace tiempo en lo de ‘¿y de lo mío qué?’.
Para convertirse en una comunidad de ‘comercios de comunidad’ hay que dar varios pasos, y el primero de ellos es formar a los técnicos de las asociaciones (las que los tengan) para que conozcan el camino a recorrer. El segundo paso consiste en formar y guiar a cada establecimiento para enseñarle cómo reinventar su modelo de negocio. Y el tercer paso es vincular directamente a los consumidores con los comercios y con la asociación. Los pasos uno y dos los consideramos estrategias de ‘aguas abajo’, mientras que el tercero combina las estrategias de ‘aguas arriba’ y ‘aguas abajo’, para que todo esté alineado y genere mucho valor añadido en la comunidad. Vamos a contarlo por partes.
Partimos de dos conceptos que se pueden denominar ‘orientación a la comunidad’, que es justo lo que me han propuesto para el artículo, pero aportando un enfoque muy diferente al habitual.
La primera comunidad es la comunidad de comercios. Vamos, lo que conocemos como asociación de comercio de la localidad. La asociación atiende a las necesidades comunes de sus asociados con formaciones, apoyos técnicos, animaciones, jornadas, orientación a subvenciones, la web y las redes sociales de la asociación, sistemas de puntos por compras, etc., y canaliza también las peticiones al ayuntamiento de turno haciendo una labor de coordinación encomiable, pero dejando, a mi modo de ver, dos grandes espacios de ‘comunidad’ sin atender.
El primero de esos espacios desatendidos es el de sus asociados. ¿Cómo que sus asociados, si organizan muchas actividades?, podrían pensar. Y yo repito, “sí, sus asociados”. Si bien las asociaciones se preocupan de potenciar en la localidad la preferencia de compra en los comercios de la asociación, no siempre atienden otras necesidades de los comercios y sus titulares, de modo que no se baja hasta el fondo de los retos individuales que deben afrontar sin apoyo.
La segunda comunidad ‘aguas abajo’ es la de la vinculación de los clientes con sus comercios, siguiendo las pautas que se siguen en las asociaciones de comercio.
En mayor o menor medida, todos los negocios intentan hacer comunidad: activan dinamizaciones, talleres con expertos, reuniones de padres, campañas de promociones, financian compras, ofrecen tarjetas de fidelización, información en redes sociales, etc. De modo que los comercios se vuelcan en ‘hacer comunidad’ al estilo convencional por lo que al final se convierte en un factor higiénico (si no lo haces, te penalizan por no hacerlo y si lo haces, lo consideran como lo normal).
Si analizamos las actuaciones de forma directa o indirecta, lo que se busca es la venta mediante un intercambio de mercancías/servicios, a cambio de dinero, de modo que, con el pago, ambas partes ‘quedan en paz’. Sí, ya sé lo que están pensando: si la charla del experto no se cobra y aporta información de valor, eso no es vender. Pero si somos realistas, de una forma u otra fomentamos el que se vinculen para terminar comprando o dejándose asesorar en la compra.
Soy consciente de que suena raro, pero démosle una vuelta. ¿Y si mi asociación diera soporte en temas que no son los del negocio? ¿Y si mi establecimiento me da apoyo en temas que no tienen nada que ver con los productos y servicios que vende?
Las asociaciones de comercio y los comercios con los que colaboramos nos encontramos ya en esa fase, evolucionando hacia lo que es el ‘comercio de comunidad de proximidad’, de modo que cualquier reto que surja, el comercio/asociación ayudan a encauzarlo. Se trata de un nuevo concepto de COMUNIDAD (con mayúsculas), que se centra en aportar apoyo 360 grados tanto a los comercios como a los consumidores. Un nuevo modelo en el que ambas partes ganan dinero extra, sin que a ninguna de las dos partes les sea difícil.
Con este planteamiento la fidelidad es máxima, ya que ahora los comercios ven cómo su asociación se preocupa de encauzar también sus ‘retos personales’ y los clientes perciben que el comercio que se preocupa también de encauzar estos retos, incluyendo los de los entornos que más les importan: económicos, sociales, emocionales, familiares…